Sabores que sacaron del anonimato a un pueblo

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Un valle entre las montañas, pintado con un verde profundo. Un pueblito largo. Una sola calle. Un paraíso en frío. Un bosque nublado. Casitas de colores. Gente honesta. Ese es San Miguel de Nono, un pueblo con niños, adultos y ancianos, ubicado a 2800 mts. de altura, en la parte  trasera del volcán Pichincha, y constituida como parroquia en 1720.

Nono forma parte del Distrito Metropolitano de Quito, está a tan solo 25 minutos de la avenida Occidental. Hace unos 20 años no era fácil llegar por el mal estado del camino, pero desde hace unos 10 cuenta con una carretera pavimentada que facilita el acceso a este paraíso terrenal.

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Y es que cuando se construyó el Oleoducto de Crudos Pesados (OCP), cuya tubería pasa silenciosa e invisiblemente por Nono, varios hitos se constituyeron también a favor de su población.

La demanda de alimentarse bien de los ingenieros y empleados del OCP y de otras empresas proveedoras y contratistas logró que en Nono se iniciara un movimiento social, económico y gastronómico que cambió el futuro de este pequeño pueblo.

DSC_0435A raíz de la construcción del oleoducto, según cuenta David Ramos, chef ecuatoriano, quien convivió con la comunidad en ese tiempo, se abrieron dos restaurantes y varios sitios pequeños de comida a lo largo de la calle principal, con el fin de abastecer las necesidades de los constructores. De hecho, la argentina Techint era una de las empresas que estuvo involucrada en la construcción del oleoducto, lo que marcó la existencia y permanencia del restaurante Tierras de Fuego, de propiedad de un argentino asentado en Nono.

Allí se preparaban carnes y asados para los argentinos de Techint y para todos quienes llegaban poco a poco a conocer este pequeño pueblo. Lamentablemente, hace un par de meses el local cerró definitivamente la venta al público. Pero, paralelamente a este, y de manos ecuatorianas, se abrió el restaurante El Bife, cuyo propietario es el chef Diego Hermosa, quien elaboró una carta de comida típica nacional que hasta hoy se sirve de viernes a domingo en la entrada del pueblo.

DSC_0470A este restaurante llegan decenas de personas todas las semanas a degustar locros de papa con queso y aguacate, costillas BBQ, bife de chorizo, pechugas de pollo asadas, etc., pero, sobre todo, a probar la especialidad: una trucha de más de 800 gramos, esto quiere decir que el comensal puede disfrutar de un pescado de río más o menos de entre unos 50 o 60 cm de largo, preparado muy sofisticadamente para no quitar el sabor a la trucha y resaltar los jugos propios de la cocción.

El Bife, además de su comida, tiene un entorno natural único. Alicia Hermosa, madre de Diego, y encargada, junto a su esposo Xavier, de la administración del lugar, ha realizado un trabajo de ornamentación muy acogedor, donde la madera entrega la identidad a la zona de entretenimiento junto a los jardines de hortensias, geranios, orejas de conejo, begonias y orquídeas que son cuidados por las manos de Alicia, una mujer nativa de Nono y que ha hecho su vida yendo y viniendo del pueblo a la capital.

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Con el tiempo y gracias a estos centros neurálgicos gastronómicos Nono se ha transformado en un pueblo interesante para el turismo. Los fines de semana la gente llega para realizar diferentes actividades deportivas y para el entretenimiento familiar.

Alrededor de Nono hay muchas cascadas que se pueden visitar, conducidas por varios senderos bien mantenidos, gracias a los emprendimientos de los mismos pobladores y en donde también se pueden probar exquisitos caldos de gallina de campo, choclos con queso y maduritos para el postre. También se alquilan caballos; se hacen paseos en bicicleta; se realizan campeonatos de motocross, rally y rugby, cuya única cancha a nivel nacional se encuentra en la hacienda La Querencia, otro lugar en donde se pueden degustar platos típicos y conocer animales de granja.

Si es que luego de leer estas líneas le ha dado ganas de visitar este pueblo, no deje de recorrerlo de principio a fin. Haga una caminata hasta la plaza central, visite el parque, su iglesia. Admire las casitas pintadas de colores que gracias a la agrupación de la sociedad civil, denominada, Nono Unido, dan un particular estilo a la parroquia. A este grupo solo le une el hecho de amar a este pueblo, y por ello tomaron la decisión de mantenerlo limpio, ordenado y bonito a través de su programa Nono Colorido.

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No puede irse sin comer las empanadas de la esquina: hay de chocolate, de dulce de zambo, de carne, pollo o queso, etc. El lugar se proyecta como un museo, ya que su propietario tiene el afán de guardar piezas antiguas, viejas y recién envejecidas, que con el tiempo tomarán el aspecto necesario para formar parte de la colección de esta futura galería.

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Están también las rosquillas hechas con harina de castilla y endulzadas con almíbar, a las que puede acompañarlas con un buen café; y están también varios lugares de fritadas típicamente cocidas en pailas de bronce mediante las cuales se consigue el sabor original.

Termine el día subiendo al mirador y déjese conmover por la vista panorámica de ese Nono que abre las puertas de su pausada vida a los visitantes y a quienes los recibe con el corazón en la mano.

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